MetaCitrico

8 diciembre 2009

Deconstrucción brasileña

Archivado en: Música — brocoly @ 19:41

Un fin de semana largo de 4 días da para mucho. Sobretodo cuando hace buen tiempo en tu ciudad, tienes ganas de hacer mil cosas y sientes que todo es posible… Y terminas limpiando el disco duro de roña cibernética acumulada tras años de ocultar archivos y descargas incompletas. En estas me encontraba hace escasos minutos disfrutando de la nada gratificante aunque necesaria tarea de higienización de las tripas de la bestia, delante de la pantalla, cuando me he tropezado con el Capricho Árabe de Paco de Lucía. He hecho doble clic.

Entonces he pensado en mi última – y primera – incursión en el blog y, embargado por la nostalgia de los acordes de una guitarra española, todo se ha precipitado en mi lóbulo frontal como una avalancha: el verano, Finlandia, Mathi… He entrado en Metacítrico y mi mirada se ha posado sobre la fecha. ¡Nueve de agosto! Casi medio año ha pasado  ya, llevándose el calor del Sol y las horas de luz por la tarde y regalándonos a cambio la gripe A y el plan Bolonia. Envalentonado, he decidido hacer algo en pro de esta nostalgia (que pretendo avivar en mí escuchando en modo repetición el Capricho Árabe) y como un signo de rebeldía e inconformismo infantil – por su inutilidad – he decidido desenfundar el teclado y combatir el inexorable paso del tiempo con mis recomendaciones de discos, aspirando a hacer retroceder al enemigo.

Me he decidido por algo que para mí refleja un pasado cuya huella todavía está fresca. Mi tía, después de una temporada en Brasil, me trajo un disco de música brasileña comprado en Barcelona. Como todo hijo de vecina en esa edad incierta entre los 18 y 21 (a la que un día debería dedicar espacio para discutir un nombre pegadizo) en ese momento proferí improperios para mis adentros porque yo quería cosas tecnológicas y relucientes. No lo escuché por primera vez hasta hace poco. Y me llevé una tremenda sorpresa nada más oír los primeros compases. El disco abre con un autor que me era completamente desconocido, Elron Chaves, pero lo que sí identifiqué en Eu também quero moccotó fue un tributo a Mercy, mercy, mercy de Joe Zawinul. Me quedé enganchado.

Al ver el contenido de este álbum, titulado Brasilicatessen vol.1 (5 años más tarde seguimos sin noticias de un vol.2)  y después de leer los autores y años de lanzamiento al mercado musical de cada pista, uno se da cuenta de que lo que tiene entre manos es mucho más que un paseo por el panorama musical brasileño. Aunque hay algunas canciones que eran novedad por aquel entonces, predominan temas de mediados de los 60 y 70 y aprovecho para avanzar que su sonido, no se si debido a una remasterización o a qué, es extraordinario. ¿Y a quién debemos agradecer esta ventana al mundo? Al siempre interesante Bruno Galindo que no se dejó llevar como yo por la añoranza y supo mantener un buen balance entre los ritmos de bossa y samba, rebajando el tempo cuando hace falta con algo más parecido al tropicalia y brazilian jazz. Del conjunto resulta una mezcla exquisita, algo que podría servir de inspiración para los menús del Bulli para la temporada que viene. A ratos delicado, a ratos duro y seco, siempre con ese telón de fondo en el que uno no puede dejar de imaginar playas infinitas doradas, mulatas en bikini y niños sonrientes jugando a fútbol, contrastando con extensiones infinitas de favelas mugrientas, narcotraficantes con subfusiles y niños jugando a ser delincuentes.

Un panorama que ha ido evolucionando a la par que una sociedad que ha tenido que adaptarse a su nuevo papel de superpotencia emergente sufriendo grandes cambios que el arte – la música lo que nos concierne – ha ido plasmando. Desde 1965 hasta 2003, Wanderléa o Marcelo D2 nos permiten ver atractivos cuadros pintados con un estilo muy diferente pero partiendo de la misma paleta de colores. Si uno pasea la vista por los créditos, no podrá pasar por alto una colaboración de Chico Buarque y Ennio Morricone en la que, el que posiblemente sea el compositor de bandas sonoras más famoso del siglo XX y uno de los más prolíficos de todos los medios, demuestra de nuevo porqué Sergio Leone confió en él una vez tras otra. La Balada do Louco de Os Mutantes es otra recomendación que junto con Sem Bla Bla Bla (Marcelinho Da Lua) ejemplifican a la perfección los contrastes de los cariocas.

Y ya que la última vez dejé una cancioncilla y aprovechando que se ha mencionado en el texto, un sonido tan extraordinário que Metallica lo usa para abrir todos sus conciertos. Ladies and gentlemen… The one… The only… Il buono, il brutto, il cattivo.

7/10, podría incluir más repertorio de los ’80.

Pero hasta que no lo escuches no sabrás si te gusta

9 agosto 2009

I’m late again

Archivado en: Música — Etiquetas: , , , — brocoly @ 23:19

Empezar quizá sea lo más difícil de todo. Hay que aplicar una fuerza mayor para vencer la resistencia de un objeto inmóvil que para seguir moviéndolo una vez iniciada la trayectoria. Coloquialmente se le llama apalanque. Fuerzas desacordes y ondas hertzianas chocaban, sumándose, anulándose y creando mil sonidos y una sensación abrumadora en mi mente. O sea, que me daba un palo de cojones. Veía todo esto como un proceso caótico, complejo y un lastre. Y sin embargo toda mi agonía era resumible en una simple pregunta ¿Qué artista deberá representar el difícil papel de maestro de ceremonias e inaugurar este humilde blog?

Pues bien, ahora me encuentro en un pequeño apartamento en Kotka, ciudad portuaria al sudeste de Finlandia, y nada me parece igual que hace unas semanas aún estando en Barcelona. Quizá sea porque acabo de tener una chocante conversación en un tren nocturno con un predicador y Testigo de Jehová que había bebido demasiado vodka. Mathi, que así se llamaba, ha conseguido agitar algunos de mis pilares; hemos dado algunas vueltas a teorías muy interesantes sobre la creación del universo, el origen de las especies.

Sería exagerado decir que tan solo lo acontecido hoy me empuja a seguir escribiendo. Es toda esta aventura  veraniega y las solitarias horas de algunas noches y el insomnio lo que me ha dado la chispa. Así que, humildemente, aquí va una recomendación y mi homenaje a este peculiar país que es Finlandia.

Desde Azuli Records nos llegó en 2007 de la mano del noruego Hans-Peter Lindstrøm (o Lindstrøm a secas) una estupenda recopilación. La idea de Azuli empezó en el 2001, bajo el nombre de Another Late Night queriendo que en cada volumen un dj, músico, compositor o banda escogiese y remezclase su música favorita. Aquella música que le había inspirado después en su carrera musical. Después de siete tomos, en el 2003 el nombre pasó a ser LateNightTales pero se mantuvo intacto el espíritu. Y así llegamos, ocho años más tarde, a este dj nórdico, que normalmente trabaja con otros dj’s como Prins Thomas, pero que aquí nos presenta un trabajo muy personal.

Pero, ¿porqué este disco sí y no cualquier otro? Después de todo, tenemos 21 magníficas piezas en esta colección Solo se me ocurre pediros que escuchéis el último track de LateNightTales: LindstrømBuenos Aires 2am de Rob Hindle y las últimas palabras, que usa para describir los países nórdicos. Es un disco recopilatorio, pero muy bien cohesionado. Tiene una introducción instrumental, un cuerpo que fluye suavemente (uno casi no distingue al final de una canción y el comienzo de otra) y finalmente esta conclusión al estilo de David Shirgley y su spoken word, muy íntimo.

Habrá más días, más recomendaciones, menos ñoñería y autobombo y posiblemente más LateNightTales, que considero como una enciclopedia del buen gusto y una guía imprescindible para aquellos que quieran comprender, que quieran escuchar al artista favorito de su artista favorito. Poco a poco llenamos los huecos que nos llevan de un artista a otro, de un estilo a otro, de una generación a la siguiente… al final todo está conectado.

Por último, un recuerdo para Mathi, que se ha confesado aficionado a la guitarra clásica y el flamenco y disfrutó mucho de una estancia pretérita en Granada. Para ti el Capricho Arabe, de Paco de Lucía.

8/10, pero hasta que no lo escuches no sabrás si te gusta.

20 junio 2009

Star Ocean: The Last Hope

Archivado en: Videojuegos — Etiquetas: , , , , , — baronet @ 04:03

Con el calor veraniego y la aparente escasez de RPGs en las consolas de nueva generación, nos llega de las manos de SquareEnix la precuela de la famosa saga Star Ocean. Bajo el Nombre de Last Hope indagaremos en la primera expedición espacial en busca de un planeta habitable, ya que la Tierra ha quedado devastada por culpa de un holocausto nuclear.

Para ello nos ponemos en la piel de Edge un joven rubito, algo holgazan, que trabaja de piloto en la nave Calnus. Junto a Reimi, nuestra amiga de la infancia (¿que típico no?) nos dispondremos a explorar el universo, pero el primer viaje no será tan placido como se esperaba y terminaremos estrellados en un planeta desconocido junto a otras naves de nuestra expedición. En este punto nuestra prioridad será asegurar el bienestar de los supervivientes mientras los técnicos se disponen a reparar la nave.

Este es el punto de partida de una serie de aventuras espaciales, donde encontraremos nuevos amigos, nuevos retos y nos conoceremos mejor a nosotros mismos. Como podemos ver, una tipo de trama bastante común en el género.

Técnicamente es un juego correcto, los modelados son simples, algunas texturas se antojan algo planas y faltas de definición, algo que nos recuerda a gráficos perfectamente asumibles en plataformas de la generación pasada. Por otra parte el juego adolece de un fallo gravísimo y que resulta preocupante en un juego de estas características y es que el juego te pide que cambies de DVD (recordemos que el juego consta de 3 DVD’s) en zonas totalmente ilógicas y llegados a los compases finales del juego, según la zona que visites deberás ir cambiando de DVD constantemente, lo que resulta altamente molesto.

Hablando de un RPG, no podemos olvidar mencionar el sistema de batalla. Para esta ocasión SquareEnix nos presenta una serie de combates que tendrán lugar al contactar con un monstruo mientras recorremos mundo. Una vez en batalla no encontraremos en un escenario que se antoja demasiado amplio, donde controlaremos a uno de nuestros personajes activos, donde básicamente nos encontramos con un combate donde lucharemos en tiempo real y dispondremos de manera muy básica de un ataque normal (mediante A) y luego poderes y combos (asignados a los gatillos o desde el menú pausa). A medida que causemos o recibamos daño se nos irá llenando un medidor que, una vez lleno, podremos activar especiales.

En conclusión, estamos ante un juego apto para todo aquel fan de los RPGs que últimamente andaba un poco huérfano de juegos. Es un juego correcto que en ocasiones puntuales adolece de fallos estúpidos, cambios de DVD constantes e inexplicables, en las batallas pierdes totalmente la noción de lo que hacen tus compañeros y con algo de suerte te enterarás cuando mueran (Aquí se habrían agradecido más configuraciones para la IA, más allá de las 4 o 5 que hay, para poder definir cómo quieres que luchen tus compañeros). Aun así es un juego divertido que resulta agradable de jugar, a pesar de los clichés y los tópicos de la trama.

NOTA:  6/10

7 junio 2009

Los Sims 3

Archivado en: Videojuegos — baronet @ 16:27

Una vez más vuelve el archiconocido simulador social de Maxis, cabe decir de antemano que el salto cualitativo entre esta versión y la anterior, supera con creces el pequeño avance que hubo entre el juego original y su segunda parte.

Dicho esto, nos encontramos que en esta edición ya no solo controlamos nuestra casa y un poco del vecindario como veníamos viendo en Los Sims 2, en esta ocasión tenemos un pueblo entero a nuestra disposición. Ahora podremos ir a la biblioteca, donde gracias a su ambiente silencioso nos será más fácil estudiar, podremos ir a pescar, a relajarnos al Spa, a ponernos cachas al gimnasio…

Más allá de estas impresiones iniciales, cuando nos sumergimos en el juego por primera vez deberemos empezar creando nuestra familia, con un editor con muchas posibilidades pero muy accesible por otra parte. Aquí, destacar que el sistema de signos del zodiaco se ha perdido en pro de un sistema dónde vas a elegir 5 características que definan a tu Sim y que tendrán incidencia directa en el juego; por ejemplo un Sim malvado disfrutara con el sufrimiento ajeno, un manitas reparará los electrodomésticos con mayor celeridad o un sim ambicioso lo pasara mal si pasa mucho tiempo sin ascender en el trabajo.

Una vez en el juego, nos encontramos que el sistema de felicidad también ha cambiado. Nos encontramos con un sistema de premios, donde se nos plantearán pequeños retos que tendrán incidencia en nuestro humor. En realidad nuestro humor funciona con un sistema de bonificaciones, los hay positivos como comer algo delicioso, una buena ducha, dormir mucho,… los hay neutros como tener hambre (que es cuando tu medidor de hambre esta bajo), tener un poco de sueño… y los hay negativos como tener mucha hambre, mucho sueño, ir sucio, que se te haya muerto un pariente… El balance de todos estas bonificaciones dará como resultado el estado de humor de tu sim. Digamos que ha evolucionado el sistema ese en que tenia una relación directa tu felicidad con tus necesidades biológicas.

Otro punto que ha evolucionado es el concepto del trabajo, hemos dejado atrás muchas lacras, como eso de tener muchos amigos para ascender en la empresa. ¡Si es que querías ser el villano más malvado del mundo pero aún así tenías que ser el chico más popular del vecindario! Ahora para ascender deberemos tener en cuenta varios factores, nuestras habilidades, las relaciones con nuestros jefes y nuestros compañeros de trabajo, nuestra dedicación… Para eso, cuando vayamos a trabajar podremos escoger si queremos hacer el vago, dedicarnos a fondo, charlar con los compañeros, hacerle la pelota al jefe…

Incluso en algunos trabajos deberemos hacer cosas fuera del horario, por ejemplo, si eres policía deberás interrogar a amigos o gente que te encuentres en la calle y escribir informes.

De todos modos cabe puntualizar que nada de esto es condición necesaria para ascender, sino más bien el correcto balance entre ellas. Puedes ascender llevándote mal con tus compañeros pero ser el Sim más eficiente del pueblo o vice-versa.

Técnicamente es un juego correcto, no tiene carencias manifiestas pero tampoco estamos delante de un prodigio de la tecnología. Digamos que por ser un juego con cierta tendencia al publico casual es un juego que luce un apartado técnico que no va a empañar tu experiencia de juego y esta a la altura de la mayoría de ordenadores.

En conclusión, estamos ante una evolución más que satisfactoria de la franquicia. Se han dejado atrás ciertos lastres que hacían el juego muy mecánico, para presentarnos un gran elenco de posibilidades jugables para lograr un mismo objetivo. Estamos ante un juego que hará las delicias de los aficionados a la saga y que divertirá a los más neófitos.

8/10

20 mayo 2009

Una cierta verdad

Archivado en: Cine — reporter86 @ 19:08

Buscando la luz

Tomando como punto de encuentro el centro hospitalario Parc Taulí de Sabadell, ‘Una cierta verdad’ es un documental que se fija en la vida de cinco pacientes esquizofrénicos. A través de de las impresiones expresadas tanto por médicos como enfermos, y a través también de la relación entre ambos colectivos, se iniciará un escalofriante recorrido por el mundo de la locura. Estigma social para unos, enfermedad incurable para otros, o incluso maldición, estamos aquí ante algo parecido a un oscuro túnel en el que es tarea casi imposible encontrar algún resquicio de luz.

Viendo ‘Una cierta realidad’ cuesta creerse que éste sea el primer trabajo serio en solitario de Abel García Roure. La verdad es que tratar un tema tan complejo como lo es el laberinto que significa la mente humana es una obra nada fácil de llevar a cabo. Sin embargo, el cineasta catalán encara la problemática como un auténtico maestro. Para ello la labor de Sol López Riestra en las funciones de montaje, es impagable. Alejándose de los esquemas más convencionales del género documental, se nos plantean las cinco diferentes historias de los pacientes como si de una novela se tratara. Sólo que desgraciadamente parece que aquí el desarrollo de los eventos no parece tener un final concreto. He aquí la gran tragedia.

No hay narrador omnipresente en este atípico documental; tampoco hay un uso abusivo de la música para remarcar los momentos clave. Ningún tipo de ayuda externa, sólo el loco… y el loco que intenta curar al loco. Dos agentes que, unidos a una narrativa aparentemente caótica, son perfectos para tratar de sumergirnos en los intrincados mecanismos de la demencia. Éste es precisamente el objetivo que persigue Abel García Roure con su ópera prima: un acercamiento a la temidísima locura. Y ello sin las pretensiones de quien se cree en posesión de verdades absolutas, sino con la honestidad del aprendiz notoriamente aventajado.

El único pero son las más de dos horas de metraje, que pueden llegar a antojarse como un excesivamente duro empache de desgarradora realidad. Sin embargo, ahí están momentos para enmarcar, como las geniales conversaciones con Javier (a caballo entre lo más lúcido y lo más irracional) para aligerar un poco la carga. Sea como fuere, al final sólo queda felicitar a Abel García Roure, puesto que la inteligencia, el buen saber hacer y el compromiso son los principales ingredientes de este prometedor debut.

NOTA: 7 / 10

12 mayo 2009

Nunca es tarde para enamorarse

Archivado en: Cine — reporter86 @ 16:57

Última llamada para…

Agobiado por su trabajo de compositor musical para anuncios televisivos, Harvey Shine ve su inminente viaje a Londres como un auténtico oasis en medio del desierto. No en vano, el desplazamiento lo hace para asistir a la boda de su hija. Pero una vez llegado a las islas británicas, el protagonista comprobará que no todo va a salir como él había planeado. La relación con su exmujer sigue estando es un punto muy tenso, y su hija no parece apreciar del todo su presencia en el casamiento. No obstante, Harvey descubrirá también que el amor no entiende de edades.

Ocho años han pasado ya desde que el director y guionista Joel Hopkins se diera a conocer con su cinta ‘Jump Tomorrow’. En ella, Natalia Verbeke robaba el corazón de un joven nigeriano que estaba apunto de contraer matrimonio. Al igual que con ‘Nunca es tarde para enamorarse’ (horrible traducción de ‘Last Chance Harvey’), los protagonistas se conocían fortuitamente en un aeropuerto, síntoma inequívoco de un mundo donde la globalización es un hecho más que palpable. Las tendencias interculturales del director vuelven a marcar pues las líneas generales del filme.

Otro aspecto que hay que constatar es la edad media de los amantes. Al tratarse ahora de dos auténticos veteranos (Dustin Hoffman y Emma Thompson), el salto generacional entre ambas obras salta a la vista. Un dato que puede extrapolarse a la hora de comparar los dos largometrajes de Joel Hopkins. Y es que puede que en su segundo trabajo se haya perdido algo de frescura, pero sin duda se ha ganado consistencia. En este aspecto son casi inevitables las comparaciones con aquella joya de Richard Linklater titulada ‘Antes del amanecer’. Salvando las diferencias, el planteamiento de aquel magnífico recorrido vienés tiene mucho que ver con el que se nos propone ahora. Esto es, una película que avanza a través de un agradable intercambio dialogado de opiniones, sentimientos, sensaciones…

Unos diálogos que no son sólo mérito del guión que firma Hopkins, sino también de los intérpretes que le dan forma. Aunque estén lejos de su mejor nivel, la verdad es que es un lujo ver a dos actorazos como estos compartir pantalla. Al igual que la película en general, los intérpretes no llegan a deslumbrar, pero sí que desbordan naturalidad y parecen haberle tomado la medida justa a sus intervenciones: Hoffman como peluche mimosín, patoso y despeinado y Thompson como la encantadora e insegura encuestadora en busca del amor de su vida, en lo que podría ser una continuación de aquel entrañable y divertido personaje que encarnó en ‘Los amigos de Peter’.

Por su parte, Joel Hopkins parece que también ha madurado en sus labores detrás de la cámara. Suyo es el mérito de crear un ambiente nada empalagosos y que no renuncia ni a lo moderno ni a lo elegante. A destacar la elección tanto de los exteriores -ofreciendo interesantes panorámicas de la capital inglesa- como de los interiores, que al igual que en ‘Jump Tomorrow’, hacen gala de un diseño muy atractivo. Con todo ello tenemos una cinta que no va a buscar nunca de forma directa la carcajada o la lágrima del público. Más bien persigue -y consigue- el noble objetivo que, durante hora y media, nos olvidemos de cualquier preocupación que nos ronde la cabeza.

NOTA: 6 / 10

7 mayo 2009

Sicko

Archivado en: Cine — reporter86 @ 21:40

Cuánto me cobra, doctor?

Tras un merecido descanso (las carreras presidenciales son realmente agotadoras), Michael Moore pasa página. Lejos queda su sorprendentemente galardonada ‘Fahrenheit 9/11’; algo más borroso está ya el recuerdo de las torres gemelas. Pero lo que sigue con ganas de morder es el espíritu rebelde de este controvertido documentalista. Consciente de que su amada nación es un gigante con pies de barro, Moore carga de vez en cuando su rifle y apunta sin piedad hacia los que le impiden vivir en un lugar libre de miedos. En este caso, el blanco fijado son las empresas privadas encargadas de la sanidad en los Estados Unidos.

Los hechos son estos: en la primera potencia mundial no existe la sanidad universal. Siguiendo los dictámenes de las frías leyes de la oferta y la demanda, el sistema sanitario del país ha terminado en manos de compañías privadas que como tales, buscan obtener los máximos beneficios para ellas mismas, aunque ello implique negar la asistencia médica a los que realmente la necesitan. La más visible consecuencia de esta orgía ultraliberal se traduce en incontables casos de norteamericanos que han visto arruinada su vida mientras los directivos de las grandes aseguradoras iban engrosando sus pingües ganancias.

Ante tal situación, seguramente estemos pensando todos lo mismo: “Michael, ataca!” Y para nuestra tranquilidad, Michael lo hace… de tres modos distintos. El primero de ellos lo lleva usando desde el documental que le lanzó a la fama, su muy recomendable ‘Roger and Me’. Cámara en mano, el intrépido investigador se lanza a la calle en busca de testigos que ayuden a reforzar sus tesis -y ya de paso, su inmenso ego-. Una táctica que en más de una ocasión roza lo morboso, pero que a la vez supone una excelente manera de ver la realidad más dolorosa. En efecto, las víctimas que va dejando tras de sí este inmenso y deshumanizado aparato, son desgarradoras y de buen seguro tocarán la fibra sensible del espectador. En este aspecto, Moore se descubre de nuevo como un maestro manipulador de sentimientos, en el buen y el mal sentido de la expresión.

No puede decirse lo mismo cuando saca a relucir su faceta de analista implacable. Esto unido a una personalidad crítica e irónica, crea un discurso clarividente y sobretodo exento de cualquier atadura externa. Ese es el Michael Moore que se vio en la magnífica ‘Bowling for Columbine’; ese es el Michael Moore por el cual estoy dispuesto a pagar para que me cuente sin pelos en la lengua las locuras que se dan al otro lado del charco. Por suerte, el “documentalista de la gorra” sigue sin temerle a nadie, y es por eso que no se lo piensa dos veces a la hora de mostrar los datos/fechas/números necesarios para señalar con su dedo inquisidor a los culpables de turno. En esta línea, especialmente impactante es la parte del documental centrada en la figura de la actualmente intachable Hillary Clinton. Nadie se salva de la quema…

Absolutamente nadie. Incluso Michael Moore acaba consumido por las llamas que él mismo ha avivado. En el momento en que saca a relucir su tercera y última arma de combate, es cuando todo se viene abajo. Seguramente arrastrado por un complejo de santo salvador, el director y -ahora sí- protagonista absoluto de la cinta, decide buscar un hospital donde los enfermitos que él ha elegido puedan curarse sin pagar un centavo. Una idea loable pero que puesta en contexto está descaradamente enfocada a regodearse en el más deleznable sentimentalismo. Una bomba lacrimógena en toda regla que, lejos de aportar algo nuevo, más bien destruye todas las buenas intenciones y sólidos recursos que ha aportado hasta entonces la película. Por eso; porque a pesar de todo pienso que ‘Sicko’ es un interesante trabajo, y porque aún sigo apreciándole, me gustaría citarle a él mismo a modo de recordatorio para el futuro, con la esperanza de que esto haya sido sólo un ligero traspié. Así que, con todo el cariño del mundo: “Shame on you, Mr. Moore… shame on you.”

NOTA: 6 / 10

28 abril 2009

Ponyo en el Acantilado

Archivado en: Cine — reporter86 @ 14:54

Bajo del mar…

Sasuke es un niño de cinco años que vive en una agradable población costera. Durante el día, mientras su madre atiende a las ancianas de la aldea en un centro geriátrico, él asiste a sus clases en el colegio y recorre la costa, descubriendo los interminables tesoros que le depara el mar. Al caer el sol, el intrépido muchacho se comunica vía morse con su padre, esperando con ansias el día en que termine su misión como marinero. Esta pacífica rutina se verá interrumpida el día en el que Sasuke halle por casualidad una extraña criatura que en realidad resultará ser una princesa pez.

Desde hace tiempo, cuando Hayao Miyazaki estrena una película, me invaden sensaciones contradictorias. Por una parte es maravilloso asistir al espectáculo de un genio que año tras año ha conseguido que su nombre sea ya un sinónimo de excelencia. En cambio, dada su ya avanzada edad, es inevitable no pensar en que ésta sea quizás la última ocasión en la que nos deleite con su desbordante imaginación. Sea como fuere, lo que hay que hacer cuando se nos brinda un gozo de tales magnitudes es vaciar nuestra mente, acomodarnos en la butaca y dejarnos transportar a los mágicos mundos trazados por este soberbio maestro.

La palabra clave aquí es “trazar”. En pleno auge de la animación creada por ordenador, Hayao Miyazaki se convierte en una figura romántica que se resiste a abandonar los principios de la vieja escuela. Él afirma que sigue confiando en el poder del pincel frente al de la “electricidad” (nótese que en ningún momento habla de “computadoras”… es auténtico incluso con eso). El resultado salta a la vista: sus películas son un auténtico retorno a nuestra infancia. Y si además el filme está descaradamente dirigido al público infantil, la experiencia es todavía más entrañable. Porque así es ‘Ponyo en el acantilado’, una revisión de ‘La Sirenita’ en la que reinan la bondad y la exquisitez visual.

Curiosa la decisión de adaptar ese clásico de la factoría Disney, sobretodo teniendo en cuenta que jamás ha logrado desembarazarse de las desafortunadas comparaciones que le llegaron a poner al mismo nivel que el mítico animador americano. Porque una cosa hay que tener clara. Y es que en absoluto se le puede considerar como el “Walt Disney nipón”, pues a mi entender él está por encima de su homónimo. Está mucho más avanzado en cuanto a lo que ideología se refiere (dan prueba de ello por ejemplo los constantes y logrados mensajes ecologistas y feministas que se extraen de la mayoría de sus películas), su trazo es mucho más agradecido con los pequeños grandes detalles y domina un sinfín de registros: desde la violencia sin tapujos de ‘La princesa Mononoke’ hasta la más tierna inocencia en la inmejorable ‘Mi vecino Totoro’.

Salvando las diferencias ‘Ponyo en el acantilado’, se sitúa en la misma línea que el último filme nombrado. Entre este y el que ahora nos atañe han pasado exactamente veinte años y como era de esperar, se perciben algunos cambios -para bien y para mal-  desde aquel entonces. A favor juega la madurez que ha adquirido (si es que podía adquirir más!) la animación de Miyazaki. Y suena raro decirlo sobretodo cuando a primera vista parece que el rigor de sus dibujos ha disminuido en esta ocasión. Falsísima impresión, ya que en realidad no es más que una jugada maestra para que la animación se cuele con más facilidad en la retina de los más pequeños de la casa, que repito, son los auténticos destinatarios de esta historia. Precisamente la historia juega en contra de la valoración general, y es que desgraciadamente Hayao parece perder el rumbo y en algún que otro momento deja que la trama entre en confusos tiempos muertos.

Pero por suerte sólo son unas pocas piedras en el camino. Hay quien diría que son más bien “gajes del oficio”, ya que al fin y al cabo no se le puede exigir a un mundo tan hermosamente caótico que se rija por los habituales cánones y la rigidez de una historia calculada al milímetro. Si así fuera, se rompería el hechizo. Es por todos sabido que aunque nos muramos por saberlo, jamás hay que tratar de averiguar cómo se ha realizado un truco de magia, porque entonces nos quedamos con la burda realidad, y no con el atrayente misterio. Así es como se debe tratar una película del maestro Miyazaki… embobados, con la boca abierta… y sin preguntar “por qué”.

NOTA: 8 / 10

22 abril 2009

Man on Wire

Archivado en: Cine — reporter86 @ 00:38

 Todo por un sueño

Leves murmullos en el patio de butacas. Se abre el telón y un silencio sepulcral invade la sala. El foco ilumina una elegante silueta que acaba de hacer su aparición en escena. Un hombre con aire risueño -casi burlesco- vestido de negro se desliza ágilmente hasta una tarima para atraer la atención del respetable. Y a fe que lo consigue. Quizás es por la energía que irradia, o quizás es por el hecho que el tiempo parece afectarle de manera distinta que al resto de los mortales… quizás sea porque bajo esta sonrisa se esconde una de las historias más increíbles jamás contadas. Al fin y al cabo estamos ante Philippe Petit, el autor del “delito artístico del siglo”.

Una presentación similar podría hacerse de James Marsh, consagrado documentalista y auténtico recolector de historias chocantes. Suyos son los filmes ‘Troubleman’, sobre Marvin Gaye y su asesinato a manos de su padre, ‘The Burger and the King’, referente a los hábitos alimenticios de Elvis Presley, o ‘Wisconsin Death Trip’, acerca de una ola de suicidios y asesinatos que tuvieron lugar durante de la década de los 80 en una pequeña localidad norteamericana. Con su último y -justamente- galardonadísimo último trabajo, Marsh cambia de tono y se impregna del positivismo que desprende el protagonista de esta proeza sin precedentes.

Auténtico buscavidas y artista de profesión, Philippe Petit supo desde la temprana edad de 17 años, que el sueño de su vida sería “coronar” las torres gemelas del World Trade Center de Nueva York, cruzándolas subido en un fino alambre. Una auténtica locura que a nadie más se le podría haber ocurrido. ¿Acto de rebeldía? ¿Meta personal para alcanzar algún tipo de realización espiritual? Prohibido preguntar al respecto… pues poco -o nada- importa la respuesta. Así nos lo hace saber este irrepetible funambulista, que a la vez se sumerge a la perfección en el papel de principal vehículo conductor de la historia. Durante su narración, Petit salta, se esconde entre las cortinas, susurra, grita y se emociona. Es en definitiva el maestro de ceremonias ideal; una de estas personas a las que no me importaría cederle horas y horas de mi tiempo para que compartiera conmigo sus inagotables odiseas.

Para no quedarse atrás en este auténtico tour de force, el director James Marsh pone todo su ingenio al servicio del gran show. Haciendo honor a sus galones, imprime al documental un ritmo ágil y sabe jugar a la perfección sus cartas. Con la excelente selección tanto de grabaciones de la época como de entrevistas a los cómplices de la hazaña (muy emotivos todos ellos también), la historia avanza tan sutilmente como Petit en cualquiera de sus grandes actuaciones. ‘Man on Wire’ se detiene allí donde el gozo es mayor y pasa de puntillas en los temas más escabrosos de esta sin duda intrincadísima historia. Con ello, queda algún que otro cabo suelto por atar, pero a cambio se imprime a la cinta una fuertísima sensación de espectáculo.

Éste es el concepto clave del filme. Y es que para todos aquellos que creían que los documentales sólo servían para concienciarnos de los peligros / injusticias que nos rodean, ahí está ‘Man on Wire’, una película que, al igual que su maestro, consigue dejarnos con la boca abierta durante la hora y media que dura. Las piezas musicales de Michael Nyman, las reconstrucciones rodadas con suma gracia (esas sombras subiendo y bajando escaleras, al más auténtico estilo expresionista alemán)… y por último Philipe Petit fundiéndose en el azulado y ligeramente nebuloso cielo neoyorquino. Pura vitalidad; pura emoción a flor de piel; pura magia. Y ya está. Se cierra el telón, y se retira a su camerino una de esas pequeñas grandes joyas que nos regala a veces el séptimo arte.

NOTA: 8 / 10

21 abril 2009

El Padrino 2

Archivado en: Videojuegos — baronet @ 18:13

Allá a finales de los 60’ Mario Puzo público la novela, años más tarde Francis Ford Copola lo adaptó al cine, en lo que hoy es una triología de culto. Ya en el siglo XXI, de la mano de Electronic Arts ha llegado el juego. Por si aún no lo has adivinado, estoy hablando de “el Padrino”.

Tras una primera parte ‘aceptable’, los chicos de EA han cogido el concepto que ya emplearon y le dan otra vuelta de tuerca. Años después de la muerte de don Vito, su hijo Michael Corleone toma las riendas de la familia y nuestro alterego en el juego, Dominic, bajo la bendición del nuevo don será autorizado a formar una familia. Este es nuestro punto de partida, a partir de aquí deberemos buscar nuevos miembros y aplastar a las familias rivales, simplemente eso.

Para acabar con nuestros rivales, deberemos apoderarnos de sus tinglados, ya sea mandando miembros de la familia o yendo nosotros mismos con hasta 3 de nuestros chicos. Pero nuestros enemigos contratarán, intentaran apoderarse de nuestros negocios; para evitar esto, podremos hacer “favores” a ciudadanos quienes, a cambio, nos facilitaran información de algún miembro de una familia rival (donde se encuentra y como matarlo, ya que para acabar definitivamente con uno de ellos, deberemos hacerlo de una forma concreta). Una vez dominemos todos los tinglados rivales, accederemos a la mansión de la familia rival que, haciéndola explotar, nos permitirá borrar del mapa a los que se nos oponen.

La verdad es que estamos ante un juego que a pesar de ser muy repetitivo, se deja jugar. Es bastante fácil en conjunto, ni los más neófitos tendrán problemas para avanzar. El juego tiene bastantes puntos débiles, el apartado de conducción es muy mediocre y los daños son desproporcionados, un coche que recién arranca puede arrancar una farola de cuajo, por no mencionar el hecho que, a veces, vas más rápido corriendo que los coches.

Visualmente el juego es correcto, adolece de iluminación en algunos puntos, pero el juego luce bien. Se nos presentan 3 localizaciones bastante bien recreadas, una New York snob, una Florida con un recuerdo a ciudad de verano y una Cuba caótica dominada por los rebeldes que acaban de acceder al poder. La banda sonora se nutre de la original de la película, así que poco más que decir, excelente.

En conclusión, estamos ante una evolución de lo que fue la primera parte, y eso hay que aplaudirlo; pero el resultado es un juego bastante medicore, a medio cocer, con bastantes fallos que se hacen patente a las pocas horas de juego. De todos modos es un juego que entretiene repitiendo una formula una y otra vez.

Este producto tiene un público complicado de definir, probablemente decepcione a todos los fans de la obra del Sr. Coppola; de todos modos, si te gustan los juegos tipo “sandbox” (GTA, Saint’s  Row,…) y andas huérfano de juegos quizás te sirva de sucedáneo.

 

NOTA: 6/10

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